Entre las Cosas y los Significantes... el Sentido y los Sent
Entre las Cosas y los Significantes... el Sentido y los Sentidos
En estos días he participado de varios debates relativos a varias cosas, debates que han surgido como consecuencia de tratar de aclarar el quehacer de los filósofos actuales. Debates agotadores por lo difícil que resulta a los pensadores filosóficos de la net volver a las cosas mismas, a las cosas reales. Lo real no es la cosa, parece que para estos pensadores lo real es el significante, para otros el significante del significante o la teoría. El sentido común se aborrece, el tachero que maneja el taxi tiene sentido común y por eso no puede ver las cosas como son, porque para ver las cosas es necesario haber cursado enormes estudios de filosofía, cosa de discriminar la apariencia de la cosa en sí. Me pregunto cómo viven estas personas, cuando no confían en sus sentidos, en los datos inmediatos de conciencia, en las primeras impresiones que se forman acerca de las cosas. Cuando todo debe ser primero interpretado a la luz de alguna teoría macrocósmica que todo lo explica. Si el vecino le pega un tiro a la vecina porque el perrito de la vieja cagó en la entrada del jardín, la explicación debe darse a partir de la lucha de clases, del modo de producción capitalista. Hay que retroceder en la historia para rastrear la causa de que ese energúmeno haya hoy matado a la vieja por una tontería así. Si el tachero dice que el vecino perdió el control porque era un histérico de ******, los filósofos le responden que se calle la boca, no está autorizado para comprender un comportamiento de semejante magnitud, para ello primero debe estar al tanto de la ciencia llamada materialismo histórico, ciencia que sí está en condiciones de explicar el comportamiento humano en su base real, asociada al modo de producción capitalista. Pero no sólo están estos materialistas economicistas, están los filósofos influenciados por la filosofía francesa, donde lo real no es la realidad sensorial, lo real está constituido por los discursos que hablan acerca de lo real. No hay que mirar el dedo que señala a la luna, hay que leer e interpretar los discursos de quien pretende señalar la luna. El hombre llega al mundo con un salvavidas de plástico que le permite nadar en el mar de significantes que constituye su cultura, ahí están todos los significantes y para conocer el sentido de uno hay que buscarlo en los que están al lado. El sujeto no pasa de ser un simple efecto significante en una cadena de significantes que se despliega en el tiempo. La libertad es una ilusión maligna de un dios falo que quiso torturar al hombre con la ilusión del libre albedrío. No, sólo hay significantes que operan solitos. Los que no entiendan de qué hablo lean las Estructuras Elementales del Parentesco de Lévi-Strauss. Lean a Lacan y sus delirios cósmicos acerca del falo como significante primero y ancla de todos los demás significantes. No, el sujeto existe como efecto significante en una cadena sin fin.
Pero están completamente locos, crean teorías para explicar las cosas y luego esas teorías se convierten en dioses para adorar, la realidad no existe más, existen esas teorías. No hay que buscar la cosa ahí afuera, hay que buscarla en las teorías. Para qué perder el tiempo buscando fuera donde está un poco oscuro, es mejor buscar donde hay un farol.
Estos seudopensadores encerrados dentro de sus cabezas, cuando quieren conocer a Pedro no van a buscarlo a su casa, no, da mucho trabajo, analizan el significante Pedro, y los discursos acerca de Pedro. Porque Pedro se encuentra en los discursos de quienes lo han nombrado, no es una realidad sensorial. Hay que buscar a Pedro en los significantes, es más, Pedro es sólo un significante.
La famosa intuición que nos informa acerca de la realidad, dejó de ser un órgano de percepción confiable, no, no hay intuición, sólo significante. Ya Nietzsche denunció a Sócrates como el gran envenenador de la humanidad, al oponer Sócrates la razón a la intuición que guiaba a quienes sabían acerca de las cosas. Cuando un organismo no puede confiar en su intuición acerca del mundo en el que está, muere. Si lo que se nos da debe ser corregido por un supuesto cálculo racional, en qué mundo nos encontramos. Esto es un disparate. Claro, estos filósofos del significante no son capaces de atarse los cordones de sus zapatos, no son capaces de llevar adelante un emprendimiento real, porque un emprendedor debe tener conocimientos teóricos sobre su proyecto, pero debe poder orientarse en la realidad. El jugador de ajedrez debe guiarse por su intuición para saber qué secuencia de jugadas explorar. Sin una intuición fuerte que guíe al hombre, no podría dar un paso.
Aquí está la clave de estos filósofos que se ríen del sentido común del tachero: la práctica. Alguien puede creer que lo real está constituido por los discursos cuando la dimensión de la práctica está completamente desterrada. Cuando la cosa es sólo interpretar, cuando lo único que se tiene para examinar son textos y textos de textos. La realidad no es un texto a descifrar, es algo que se nos da a nuestros sentidos, y si nuestros sentidos no funcionan como deben funcionar, estamos perdidos.
La intuición está atada a nuestros sentidos y a nuestra experiencia acerca de las cosas. Freud trató a sus pacientes y escribió teorizando de forma de dar cuenta de la experiencia analítica, los psicoanalistas franceses tomaron como elemento de referencia los textos de Freud, en los textos había que encontrar la realidad, cuando los textos eran dedos que señalaban a algo que estaba más allá: una persona con un padecimiento. Los nuevos marxistas tienen los textos de Marx como objeto de estudio, sin poder dar el salto al objeto que Marx trataba: las relaciones sociales.
¿Qué tienen los psicoanalistas hoy, un sujeto sufriendo? No, la persona hace mucho que quedó atrás, hoy hay un conflicto intrapsíquico, un ello que trata de actuar sobre una realidad donde un superyó lucha tratando de frenar, y un pobre y débil yo tratando de mediar entre instancias intrapsíquicas. Si el hombre se da un martillazo en el dedo, cosa que el tachista ve sin problemas, el psicoanalista en cambio ve una acción de autocastigo por un fuerte sentimiento de culpa motivado por los deseos incestuosos del pobre sujeto. Esa es la realidad del psicoanalista.
Es increíble lo perdidos que pueden estar los hombres en su mundo.
No, las cosas no son tan complejas, sí se puede confiar en el sentido común, aunque sea un sentido construido a partir de nuestras experiencias, sí se puede confiar en nuestros sentidos de percepción. Y cuando la especulación comienza a cobrar vuelo, hay que cortarla de raíz. Si alguien está tan demente que pone en duda su realidad, cuando alguien está tan perdido que cuando le hablan de realidad pide que se la definan, lo mejor que puede hacer es soltar toda esa basura mental y confiar en lo que tiene enfrente.
Ninguna teoría va a pensar por nosotros mismos, ningún significante va a pensar por nosotros mismos. El sentido de uno mismo llamado intuición es el único sentido que puede orientarnos en el mundo, no hay otro. Sentir las cosas, percibirlas. El perro que nos acompaña y llora cuando no estamos, jamás escuchó la palabra amor, no tiene significantes que le expliquen qué es el amor, no ha escuchado ninguna teoría acerca del amor, simplemente algo en él le hace sufrir cuando no estamos. Eso que está ahí antes de las palabras, sí existe. Estos filósofos deberían tratar de entrar en contacto con eso que está antes que las palabras. Cuando nuestro hijo está en peligro no pensamos que sólo sea un significante, ni que es un proletario en potencia, ni un maldito comerciante, es nuestro hijo y sabemos qué hacer.
No se filosofa desde las teorías, se filosofa desde los huevos, desde lo que sentimos, desde lo que tenemos que hacer. En algún lugar sabemos qué hacer, lo sabemos con nuestro cuerpo. Luego dependerá de nuestra destreza dialéctica el ponerlo en palabras. Algunos lo pueden poner en palabras, otros en colores, otro en música, o en lo que sea. Pero lo que está primero es esa sensación clara acerca de las cosas. Quien no posea una poderosa sensación de las cosas, jamás podrá pensar por sí mismos y saber qué hacer. A esto lo he llamado la voz propia, una persona comienza a ser persona cuando puede expresar su voz propia, cuando sabe orientarse en el mundo a partir de las poderosas sensaciones que lo guían.
Los filósofos franceses no tienen idea de qué cosa sea la voz propia, es más, la niegan, sólo existe el significante que en su marcha nos crea como sujetos pasivos de un destino que no hemos elegido.
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Editado por Keisso en 05-may-2006 a las 10:03
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